Un indicador para evaluar su salud y las prácticas de manejo regenerativo, porque lo que no se mide, no se regenera
Por Jesús Arévalo Zarco*
El manejo agronómico regenerativo
Las prácticas de la agricultura regenerativa tienen como propósito restaurar los procesos físicos, biológicos e hidrológicos del suelo, con el fin de recuperar su funcionalidad, estabilidad y productividad a largo plazo. Aunque la lista de técnicas es amplia y adaptable a cada región, existen prácticas recurrentes que han demostrado efectividad para revertir la degradación del suelo.
En un pasado webinar, expliqué algunas de ellas y a continuación las menciono:
Abonos verdes o cultivos de cobertura: El principio consiste en mantener raíces vivas y biomasa vegetal sobre el suelo el mayor tiempo posible. El cultivo protege la superficie contra la erosión, incrementa el aporte de carbono, favorece la formación de agregados y estimula la microbiota a través de exudados radicales. Su descomposición gradual, además, contribuye al secuestro de carbono y a la liberación progresiva de nutrientes.
Labranza de conservación: Con diferentes variantes (mínima, cero, strip till, etc.) busca reducir la perturbación mecánica que destruye macroagregados; rompe hifas fúngicas y acelera la oxidación de la materia orgánica. Al disminuir la remoción, el suelo tiende a reconstruir su arquitectura natural, aumentando la estabilidad de agregados, la infiltración y la continuidad porosa, factores esenciales para el intercambio gaseoso.
Rotación de cultivos: Su función regenerativa radica en diversificar las raíces, los microorganismos asociados y el tipo de residuos aportados al suelo. La alternancia de especies interrumpe ciclos de patógenos, limita la dependencia a agroquímicos, mejora la estructura por medio de raíces con distinta arquitectura y promueve una mayor diversidad funcional en el microbioma edáfico. Cuando las rotaciones se combinan con policultivos o cultivos intercalados, el efecto se incrementa.
Cobertura permanente del suelo: Ya sea con residuos de cosecha (mulch) o vegetación viva, es otra piedra angular del enfoque regenerativo. Mantener el suelo cubierto reduce la escorrentía, amortigua los cambios extremos de temperatura, disminuye la evaporación y proporciona sustrato constante para los descomponedores.
Abonos orgánicos: Contribuyen a restablecer la comunidad microbiana y los procesos biogeoquímicos asociados a ella. Estas enmiendas aportan carbono estable, agregan microorganismos activos y promueven una mayor tasa de mineralización y humificación.
Inoculación con microorganismos: El uso de hongos simbióticos formadores de micorrizas permite mejorar la absorción de nutrientes, especialmente fósforo. Otros microorganismos específicos (principalmente bacterias) pueden tener diferentes beneficios al cultivo, como fijación de nitrógeno, inducir resistencia en la planta, estimular su crecimiento, solubilizar minerales y favorecer la agregación del suelo mediante la producción de glomalina y otros biopolímeros. De este tema ya escribimos en una edición anterior de Agro Orgánico.
Manejo racional del pastoreo:También se considera una práctica regenerativa cuando se controla la carga animal, el tiempo de ocupación y el descanso de la parcela. Al permitir que la vegetación se recupere y vuelva a emitir raíces, el sistema incorpora más carbono al suelo y se preserva la cobertura vegetal, lo que mejora la estructura y la infiltración.
Uso racional de agroinsumos químicos: La regeneración no excluye el manejo químico, pero lo subordina a la salud del suelo. Prácticas como la corrección de acidez, el lavado de sales, reemplazo del sodio y el balance nutrimental basado en análisis, apuntan a eliminar restricciones químicas que limitan el crecimiento radical y la actividad biológica. Sin química equilibrada, la biología no prospera y la física del suelo se degrada; por ello, la agricultura regenerativa seria reconoce también la necesidad de enmiendas, diagnóstico y nutrición responsable.
Evaluación de las prácticas de manejo regenerativo
El grado de restauración del suelo no puede evaluarse únicamente a partir de la percepción visual del lote ni del rendimiento aislado de un ciclo; requiere indicadores cuantificables y comparables en el tiempo. Medir el suelo es indispensable para discriminar entre una práctica que “suena” regenerativa y una práctica que realmente lo es, de forma verificable.
Bajo esta lógica, la evaluación del impacto debe sustentarse en mediciones robustas que evalúen el funcionamiento del suelo como sistema. La diferencia entre un discurso regenerativo y una regeneración real está en la medición.
Existen numerosos indicadores propuestos por distintas metodologías internacionales de salud del suelo, como las guías in-field del NRCS (Natural Resources Conservation Service) del USDA para diagnóstico físico-biológico o el Manual para la Evaluación de la Salud del Suelo de la Universidad de Cornell.
En 2018, durante el 7° CONFIVA, en Intagri se presentaron dos temas referentes a la salud del suelo, por los doctores Diane E. Stott, del USDA y Aaron Ristow, en aquel momento por la Universidad de Cornell.
Fertilab, tomando como referencia los criterios internacionales de salud del suelo difundidos por la FAO, el USDA y otros organismos especializados, ha integrado y tropicalizado esta información para adecuarla a las condiciones edáficas y productivas de los sistemas agrícolas de México.
A partir de ello, desarrollamos una metodología propia de evaluación de la salud del suelo, orientada a medir el impacto real de las prácticas de agricultura regenerativa mediante parámetros físicos, biológicos y químicos que son clave para el diagnóstico funcional del suelo.
Este enfoque se diseñó para ser práctico, económicamente accesible y útil para el agricultor, permitiendo diagnosticar, monitorear y mejorar el estado del suelo con indicadores claros y comparables a lo largo del tiempo, facilitando así la toma de decisiones.
En este artículo hablaré de un indicador, la respiración del suelo; este parámetro ya forma parte del análisis integral de salud del suelo desarrollado por Fertilab, el cual integra variables físicas, biológicas y químicas para monitorear la evolución del recurso bajo manejo regenerativo. En ediciones siguientes abordaré otros factores como la estabilidad de agregados, la densidad aparente, relación carbono/nitrógeno, contenido de sustancias húmicas o actividad enzimática.
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*Jesús Arévalo Zarco, es un apasionado del agro. Se dedica a asesorar productores, evaluar tecnologías en campo, impartir capacitación técnica y seguir aprendiendo todos los días. Además de su labor profesional como director de investigación en Fertilab e Intagri, también es agricultor a pequeña escala, convencido de que la agricultura se entiende mejor con las botas puestas.






