La ciencia, la tecnología y el trabajo en campo convierten la conservación genética en una herramienta estratégica para fortalecer comunidades, sostener sistemas agroalimentarios y enfrentar los desafíos que amenazan la seguridad alimentaria global.
Por Saul Ariza Larrañaga*
Foto: CIMMYT
Cuando hablamos de un banco de germoplasma, vamos más allá de un espacio donde se resguardan semillas ante una eventual crisis global. En estos bancos también se respaldan, evalúan y regeneran materiales genéticos (como semillas, tallos o raíces) nativos de un país o región determinada, con el fin de asegurar su uso a mediano y largo plazo.
En México, esta labor no solo ocurre dentro de una bóveda, sino también en el campo, a través de procesos que agregan valor a lo largo de las cadenas de regeneración y conservación. Desde 1966, el Centro Internacional del Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT) lidera estos esfuerzos mediante la replicación y evaluación de germoplasma diverso –incluidas variedades nativas y mejoradas de maíz y trigo– la digitalización de información y el desarrollo de investigación orientada a enfrentar enfermedades emergentes, los efectos de la variabilidad climática y otros factores que amenazan la seguridad alimentaria global.
Digitalización y acceso para todos
En el campo de la conservación genética, la digitalización es una herramienta clave para acelerar el acceso a los recursos genéticos de trigo y maíz. A través de un escáner especializado, como el VideoMeter, se registra diariamente información de estas semillas y granos. Esto permite caracterizar cada muestra con precisión en términos de tipo, textura, color, tamaño y peso, así como generar un archivo visual de alta calidad.
Gracias a ello, investigadores y productores pueden identificar materiales de forma remota mediante la plataforma de acceso del CIMMYT Genesys Embedded. Lo que antes requería procesos manuales prolongados hoy se traduce en un acceso más ágil, decisiones mejor informadas y una gestión más eficiente de los recursos genéticos.
En palabras de Cristian Zavala, coordinador del Banco de Germoplasma del CIMMYT: “La disponibilidad inmediata de las semillas en los bancos de germoplasma garantiza que los usuarios puedan acceder a estas accesiones en el menor tiempo posible, siempre que se cumplan tres criterios fundamentales: inventarios suficientes, una viabilidad adecuada (superior al 85 %) y condiciones sanitarias óptimas; es decir, que no generen ni propaguen patógenos a nivel global”.
Procesos fuera de la bóveda
La tecnología del VideoMeter, reduce la necesidad de abrir las cámaras de conservación y manipular físicamente las muestras, lo que minimiza los riesgos para su integridad. Las imágenes de alta resolución y el análisis detallado de las semillas, permite realizar cotejos sin comprometer las condiciones de resguardo. Así, no solamente se conserva una copia de seguridad de razas nativas y variedades mejoradas, sino que también mantiene materiales listos para su distribución global ante cualquier eventualidad, fortaleciendo la capacidad de respuesta frente a crisis alimentarias.
En un contexto global marcado por conflictos, disrupciones en las cadenas de suministro y el encarecimiento de alimentos básicos como el maíz y el trigo, la conservación de los recursos genéticos adquiere una dimensión estratégica.
El trabajo de un Banco de Germoplasma como el de CIMMYT contribuye a mitigar estos impactos desde lo local al garantizar la disponibilidad de semillas adaptadas, fortalecer las capacidades de los productores y promover el intercambio de conocimiento, lo cual contribuye a la reducción de la vulnerabilidad de los sistemas agroalimentarios.
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