La incorporación de depredadores, parasitoides y ácaros depredadores permite regular plagas como pulgones, trips y araña roja, reducir la dependencia de insecticidas y construir programas fitosanitarios más estables. Su éxito, sin embargo, depende del monitoreo, la prevención y la compatibilidad con todas las prácticas del cultivo.
Por Ana Isabel Rodríguez*
La producción de fresa, frambuesa, zarzamora y arándano exige mantener estándares elevados de calidad, inocuidad y apariencia. El valor comercial de la fruta, su sensibilidad al daño y la frecuencia de las cosechas limitan las opciones de control disponibles, especialmente durante la floración y la fructificación. En este contexto, el control biológico ha adquirido un papel relevante dentro del manejo integrado de plagas.
El principio es sencillo: aprovechar organismos que se alimentan de las plagas, las parasitan o interfieren con su desarrollo. No se busca eliminar por completo cada insecto o ácaro presente, sino mantener sus poblaciones por debajo de niveles capaces de causar pérdidas económicas. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) define el manejo integrado como la combinación de medidas biológicas, culturales, físicas y químicas, seleccionadas para proteger el cultivo con la menor alteración posible del agroecosistema.
Más que reemplazar un producto químico por un organismo benéfico, este enfoque modifica la lógica de las decisiones fitosanitarias. Antes de intervenir, se identifica la plaga, se mide su abundancia, se reconoce la presencia de enemigos naturales y se evalúa el riesgo real para el cultivo.
Depredadores y parasitoides: funciones distintas
Los organismos benéficos pueden dividirse, de manera general, en depredadores y parasitoides. Los depredadores consumen varias presas a lo largo de su vida. Los parasitoides, en cambio, depositan sus huevos dentro o sobre otro artrópodo; la larva se desarrolla a costa del huésped y finalmente provoca su muerte.
Entre los depredadores más conocidos están las crisopas. Sus larvas se alimentan de pulgones, huevos y otros artrópodos de cuerpo blando. Los sírfidos también son valiosos: los adultos visitan flores, mientras que numerosas especies tienen larvas depredadoras de pulgones. Las catarinas o mariquitas, tanto en estado larval como adulto, consumen distintas especies de áfidos.
En fresa, las poblaciones naturales de crisopas y sírfidos pueden contribuir a mantener bajos los pulgones. Guías como las del University of California Statewide Integrated Pest Management Program recomiendan contabilizar depredadores y parasitoides antes de decidir un tratamiento, pues, en determinadas condiciones, estos enemigos naturales evitan que la plaga alcance niveles económicamente perjudiciales. También señalan que el exceso de nitrógeno y el polvo pueden favorecer los problemas de pulgones o dificultar la acción de los organismos benéficos.
Las diminutas avispas parasitoides constituyen otro grupo fundamental. Algunas atacan pulgones y producen las estructuras endurecidas conocidas como “momias”; otras parasitan huevos, larvas o ninfas de distintas plagas. Debido a su tamaño, pasan inadvertidas con facilidad, por lo que el personal de monitoreo debe aprender a reconocer no solo a la plaga, sino también las señales de parasitismo.
Orius y el manejo de trips
Los trips representan un reto frecuente en cultivos de berries porque se refugian en flores y tejidos protegidos. Las chinches pirata del género Orius son depredadores generalistas que se alimentan de trips y otros artrópodos pequeños. En fresa, se ha documentado que las poblaciones naturales de Orius consumen al trips occidental de las flores, Frankliniella occidentalis.
La sola presencia de trips no significa que deba aplicarse inmediatamente un insecticida. Es indispensable muestrear flores, observar el daño y considerar la actividad de los depredadores. La guía de manejo de trips de la Universidad de California destaca la importancia de basar la intervención en el monitoreo y de seleccionar, cuando sea necesario tratar, opciones con menor impacto sobre enemigos naturales y abejas.
Este punto es relevante porque algunos productos eficaces contra la plaga también afectan a los ácaros depredadores, las crisopas o las larvas de sírfidos. Una aplicación puede reducir temporalmente los trips, pero al mismo tiempo eliminar los organismos que mantenían bajo control a otras plagas. El resultado puede ser la aparición posterior de brotes de ácaros, mosca blanca o pulgones.
El artículo completo, en la edición 55 de Agro Orgánico: https://agroorganico.info/ediciones-digitales/






