El MIP es un planteamiento sostenible y respetuoso con el ambiente que, basándose en el conocimiento del agroecosistema, emplea estrategias para prevenir y controlar las plagas por debajo de niveles económicamente dañinos.
Por MC Jesús Arévalo Zarco*
Al comenzar a escribir este artículo para Agro Orgánico, me encuentro entusiasmado pues en los próximos días participaré en GreenTech Americas 2026, en la mesa “Control de plagas y enfermedades”, donde, junto a Alfonso Torres, director general de Koppert México, y Joel Hernández, fundador de la Sociedad Mexicana de Especialistas en Agricultura Protegida (SMEAP), hablaremos sobre innovaciones en el manejo integrado de plagas (MIP) en la horticultura protegida. Van pues aquí algunas reflexiones y conceptos previos para este encuentro.
Durante muchos años el control de plagas se entendió casi exclusivamente como la aplicación de insecticidas. Era común escuchar que el manejo fitosanitario consistía en “aplicar bien el producto correcto a la dosis precisa”. Sin embargo, la experiencia y la investigación han demostrado que esa visión es limitada y, en muchos casos, contraproducente. Hoy sabemos que el control químico por sí solo rara vez resuelve el problema de fondo.
En el lenguaje cotidiano de la agricultura solemos asociar el término “plaga” principalmente con insectos o ácaros y lo separamos del concepto de enfermedad. Sin embargo, en sentido amplio, una plaga es cualquier organismo capaz de causar daño económico a los cultivos. Bajo esta definición pueden incluirse no solo insectos y ácaros, sino también nemátodos, malezas, hongos y bacterias. Por esta razón, análogamente, el término plaguicida se refiere a sustancias destinadas a controlar plagas, e incluye insecticidas, acaricidas, nematicidas, fungicidas, bactericidas y herbicidas. En el español de España es más común el uso del término “pesticida”, el cual en la práctica funciona como sinónimo de plaguicida.
En los sistemas de producción intensiva, las plagas encuentran condiciones ideales para desarrollarse: temperaturas estables, disponibilidad constante de alimento y ausencia de muchos enemigos naturales. Frente a este escenario, el manejo integrado de plagas (MIP) se ha consolidado como el enfoque más racional y sostenible para enfrentar los problemas fitosanitarios.
El MIP es un planteamiento sostenible y respetuoso con el ambiente que, basándose en el conocimiento del agroecosistema, emplea estrategias para prevenir y controlar las plagas por debajo de niveles económicamente dañinos. En palabras del Dr. José Luis Martínez Carrillo, el enfoque de sistemas y el MIP no se basan en eliminar plagas, sino en regular sus poblaciones dentro de niveles que no causen daño económico.
Los principios del MIP son prevención, monitoreo, evaluación y estrategias de control. El monitoreo consiste en observar de manera sistemática el cultivo para detectar la presencia de plagas y evaluar su dinámica poblacional para poder prevenir daños. En invernaderos, herramientas como las trampas cromáticas amarillas o azules permiten detectar tempranamente la presencia de insectos plaga. Se deben inspeccionar de forma minuciosa las trampas, hojas, brotes y flores para cuantificar la presencia y tomar decisiones adecuadas. Para tener un buen monitoreo debe existir una ardua tarea de capacitación del personal en la identificación de plagas. Dentro de las estrategias de manejo existen diferentes tipos de control que menciono a continuación.
El artículo completo, en la edición 53 de Agro Orgánico. ¡Léelo totalmente gratis!: https://agroorganico.info/ediciones-digitales/#






